jueves, 21 de julio de 2016

LOS LÍMITES EN LA FAMILIA


La función de establecer límites claros en torno a la familia, consiste en proteger la diferenciación dentro del sistema familiar evitando la interferencia de otros sistemas externos o miembros internos que alteren su funcionamiento. Los límites tienen que ser claros, pero no rígidos, es decir, que permitan el contacto con los otros, y a la vez, que no perjudique el funcionamiento de la familia en su conjunto. Esto se logra con acuerdos, de preferencia, estos se deben realizar de modo previo al matrimonio, de lo contrario pueden generar malestar y un sentimiento de engaño entre sus miembros. Representan uno de los gérmenes delas futuras disputas familiares. Sin embargo, los límites no solo deben entenderse, como líneas de demarcación, sino que además, deben permitir a cada uno de los miembros de la familia desarrollar sentimientos de pertenencia sin sentirse invadidos o desatendidos. ¿Qué se logra con esta postura? Se obtiene un crecimiento familiar a partir del desarrollo de la autonomía, de la potencialidad personal y una independencia saludable. Recordemos que una familia nace con una pareja, luego arribarán los hijos, es decir, que el nivel par pasa a convertirse en un conjunto, una familia, donde todos tienen igualdad de derechos y responsabilidades, en el caso de los hijos, de acuerdo con la edad. Pero qué sucede en muchos casos, las mujeres ven truncadas sus potencialidades, debido a los vicios de la sociedad machista en la cual, nos encontramos. De este modo, un pilar de la familia se tambalea, y la familia puede quedar estancada en una categoría disfuncional.



            Por otro lado, la privacidad también tiene que ver con los límites entre los individuos, el tener determinados objetos ajenos a la mirada de los demás, es un signo de respeto, por ejemplo, no ingresar a una habitación que nos es nuestra, sin permiso. Cuando cualquier miembro de la familia trasgrede esta norma, es percibido como intrusivo, perspectiva típica en el caso de los adolescentes. Establecer límites es muy importante, pero unos límites flexibles, factibles al cambio, porque las familias son dinámicas, esto les permite adaptarse a situaciones novedosas, superar las crisis, y sobre todo, crear una propia cultura familiar.

lunes, 23 de mayo de 2016

EL MANEJO DE LOS SENTIMIENTOS


¿Quién maneja tus sentimientos? ¿Tú o los demás? Estas dos interrogantes cruciales, se pueden intentar responder al plantear una nueva pregunta: ¿cómo te llevas con los demás? Lo que pretendo afirmar, es una situación paradojal. Por un lado, los sentimientos son propios, pero por otro, se activan en función de nuestras relaciones interpersonales. No somos unas islas. Al inicio, cuando estamos bebés sentimos que sí, pero pronto la realidad se encarga de propinarnos un portazo en la cara. Si no está mamá o papá para alimentarnos, cambiarnos de ropa o, más tarde llevarnos al nido, descubrimos que nosotros no podemos hacerlo solos, es decir que necesitamos de los demás. Casi al mismo tiempo averiguamos también, que la relación que nos une a los otros, no solo es la necesidad, sino el afecto. Estas primeras experiencias son muy importantes, porque en la mayoría de los casos determinan nuestras futuras relaciones con los demás.


Por este motivo, surge la pregunta: ¿cómo te llevas con los demás? Y la respuesta es una paradoja. Nadie puede hacerte sentir mal sin tu consentimiento, es decir, nuestra felicidad no depende de otro. Estamos de acuerdo, pero el otro existe. Aquí, el problema. ¿Qué sucede si nos enamoramos y no somos correspondidos? Sufrimos, es evidente, pero al mismo tiempo escapamos por un momento de la mediocridad de la vida, porque también sentimos alegría. Nuestro objeto de amor nos ilumina, incluso si nos rechaza, porque el afecto es propio. No se desvanece ante  la negativa. Incluso puede afianzarse. Una paradoja total.

            Nadie debería poder manejar los hilos que motivan nuestros sentimientos, o mejor planteado, no se debería otorgar a nadie el poder de decidir qué sentimos. El amor, la tristeza, el enojo son nuestros. De nadie más. Esto implica asumir la responsabilidad por nuestra vida afectiva. Si decidimos otorgar nuestro afecto al otro, como individuos adultos debemos aceptar las consecuencias de tal decisión, para después, no culpar a nadie en caso de cometer un error.

sábado, 2 de abril de 2016

EL AMOR COMO PREMIO


Según el psicólogo norteamericano Branden, las principales fuentes de una potencial felicidad humana son: el trabajo productivo y el amor. De este modo, la eficacia y el afecto como recompensa, le otorgan un sentido de valor a la persona. Es como, si el amor, se convirtiera en una celebración de sí mismo, producto de las acciones elegidas a lo largo de la vida. ¿Un premio? No estoy tan seguro. Desde este punto de vista el amor, queda ligado de manera indudable a la autoestima, puesto que la producción en el trabajo no es suficiente si no coincide con el bienestar. Aquí, el amor juega un rol determinante porque acompaña nuestras relaciones interpersonales. Nos permite la convivencia y nos mejora como individuos. Pero a menudo, surge un problema. Si entendemos el amor como un premio, se corre el riesgo de convertirlo en dependencia o en una creencia fallida del tipo: “Si me comporto bien, recibiré amor”. Todos sabemos que eso, no es cierto. Una persona bondadosa puede ser víctima de maltrato. No, el amor no debe entenderse como un premio.



En este punto, debemos admitir que las diversas religiones han colaborado, de manera errada a incorporar y mantener esta creencia. El amor no tiene nada que ver con la ética, porque ella, es racional y cuando el individuo se siente atraído por una pareja potencial, la razón se obnubila, se oscurece. Entonces ¿qué le otorga valor a lo que sentimos? Nuestra fe, no en el sentido religioso, y nuestra esperanza en los demás. Si observo el éxito del otro, puedo tratar de imitarlo. Claro, también está la otra posibilidad, la de destruirlo, pero la destrucción de los demás, jamás lleva al amor, a lo mucho, brindará una satisfacción momentánea y nos dejará sumidos en la infelicidad. En una persona saludable, contemplar la felicidad, el amor, la tranquilidad, puede impulsar a lograr su búsqueda. 

domingo, 28 de febrero de 2016

¿EL AMOR COMO TEMA?


Se viene hablando de amor desde tiempos remotos, y sin embargo, no parecen haber grandes luces sobre el tema. Estoy seguro de que todas las personas en algún momento de sus vidas, han sentido o creído experimentar amor. Es más, un gran número de personas asume que conoce acerca del amor. ¿Por qué entonces se tergiversa el tema? ¿Por qué hay tantos fracasos en las relaciones de pareja? En apariencia es una contradicción, pero en realidad no lo es. Analicemos esta afirmación: todo el mundo o casi todos, se creen capaz de amar a otro ser humano. Aquí surge un inconveniente. ¿Este postulado es real? Por supuesto que no. Entonces, a pesar de que la mayoría de personas piensen que tienen la capacidad de amar, no es cierto. Quizá por este motivo, a pesar de que diversos autores le han dedicado horas a su estudio, desde Platón hasta el alemán Willy o el sociólogo Alberoni, y del mismo modo, distintas disciplinas se han ocupado del tema: la filosofía, la psicología, la sociología, entre otras, todavía no se ha logrado una respuesta satisfactoria.


Quizá no existe dicha respuesta debido a la complejidad humana. El amor que parece unir a la personas, termina mutando en diversas formas enfermizas, que pasan de la ilusión hasta la decepción total. Otra respuesta, probablemente es porque la pasión nunca aprende. Basta apreciar la cantidad de parejas disfuncionales que continúan juntas, o aquellas personas que reiteran y perseveran en las elecciones equivocadas. Las personas siguen haciendo lo mismo. Me atrevería a afirmar que el amor, es una de las vivencias que no se beneficia del aprendizaje.

sábado, 30 de enero de 2016

EL OCÉANO DEL MATRIMONIO


            El matrimonio es como el océano. Con aguas superficiales y profundas. Con corrientes frías y cálidas, con aguas calmas y tormentas. En ocasiones las olas terminan por expulsar a ambos miembros de la pareja hacia orilla, donde cada uno buscará su propio camino. Sucede que la experiencia del matrimonio es inmensa. No importa si la pareja viaja en un crucero a todo lujo o en un bote y es necesario remar, en algún momento de la travesía, en ambos casos se encontrarán en medio del océano expuestos a una serie de avatares deseando ver tierra firme. Es en aquellos momentos, donde la relación se pone a prueba. Casi no existe una pareja que haya expresado su disconformidad con el matrimonio. Las cifras son evidentes, solo el 10% de las personas está satisfecha con su matrimonio. Sin embargo, estas cifras no deben alarmarnos. El ser humano es dialéctico por naturaleza y su estado de inconformidad parece uno de sus sellos.


El matrimonio es un viaje, una aventura, y como toda aventura tiene días de sol esplendoroso y otros de lúgubre tormenta. Solo las personas inmaduras y románticas esperan un viaje perfecto y eligen una pareja observando su envoltura. De este modo, solo recibirán desencanto. Adaptarse, tener paciencia, sanar heridas y reconocer los límites parecen sugerencias tan trilladas, pero resultan fundamentales para lograr un matrimonio saludable. Sobre todo la última, el amor hacia el otro no puede ser superior que el dirigido hacia uno mismo porque se pierden los límites de lo tolerable. Al responder la interrogante: ¿Qué puedo permitir y qué no?, encontramos la base del respeto y de la salud en la vida de pareja. Si visualizamos el matrimonio como un viaje, aprendemos a manejar las tormentas y a deleitarnos con los días soleados, quizá exista la posibilidad de llegar a buen puerto.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

FICCIÓN MASCULINA Y FEMENINA


Varones y mujeres somos diferentes. No es ninguna novedad. Sucede que ahí no termina la diferencia. Las mujeres entre sí tampoco son iguales y, como es evidente, lo mismo sucede con los varones. Sabemos que la sexualidad no solo se gesta a nivel biológico sino también a nivel psicológico y social, pero ¿cuál es la relevancia de asumir un rol? Incluso me atrevería a afirmar que los roles son parte de una ficción. ¿Por qué una mujer tiene que ser más femenina qué otra? ¿Por qué un varón debe demostrar más hombría qué otro? Interrogantes absurdas si aceptamos que todos somos diferentes, pero la mayoría compara, y ahí radica el problema. Entonces cabe la posibilidad de que el novio de la vecina sea mejor que el propio, o que una pareja nueva no supere en expectativas si la comparamos con una anterior. La consecuencia lógica, consiste en vivir entre celos y fantasmas. Es como si el odio envolviera la sexualidad desde el deseo. Un deseo dominante a la espera de otro sumiso. Arquetipos que han envilecido las relaciones entre varones y mujeres durante años, generando violencia, hostilidad, abuso de poder, y todo porque en algún momento se vio afectada la supuesta hombría. El deseo se distorsiona tanto como la imagen de la mujer y del varón. Como señala Stoltenberg (2009), las elecciones de pareja no se deben realizar buscando afianzar un rol, sino optando por salud y justicia para el sentido propio de humanidad.

martes, 27 de octubre de 2015

DILEMAS INHERENTES A LA AUTORREALIZACIÓN A LA PAREJA

Cuando surgen los conflictos en la pareja, debemos entender que las dificultades pertenecen a los dos. Si no recuerde, basta uno para interrumpir el baile. Cada uno aporta desde sus contenidos las particularidades del vínculo de pareja creado, aquí la importancia de encontrar una persona saludable, o más importante aún, uno convertirse en una persona saludable. Ahora, veamos los dilemas planteados por el psicólogo alemán Willi, que pueden influir en el desarrollo de la vida en pareja.

1. Egoísmo vs altruismo: El dilema se presenta en dos aspectos. Si me opongo a mi pareja, me siento más respetado, pero uno se arriesga a que la pareja pierda la motivación. Si atiendo a las pretensiones de mi pareja, se reducirán las peleas, pero a costa de equiparar sus pretensiones a la mías.

2. Cooperación vs distanciamiento: Aquí el dilema se expresa de la siguiente manera: ¿puedo realizar mejor mi potencial junto con mi pareja o sin ella? 



3. Vinculación vs libertad: En este caso, el dilema se refiere a construir con la pareja un mundo común, estable y en continuo crecimiento, aunque con ello mi potencial quede vinculado a él, en cambio, sino mantengo el compromiso, no surgirá una realidad común, vinculante.

4. Atracción por la fortaleza o por la debilidad: En este dilema, refleja el hecho de elegir una pareja que sea admirada por mucha gente, pero entonces se corre el riesgo de no estar a su altura y no poder retenerla, o elegir una pareja con debilidades con la cual, existirá una mayor seguridad.



domingo, 13 de septiembre de 2015

CONFLICTOS AL INICIAR UNA RELACIÓN DE PAREJA


El enamoramiento es una revolución. La interrogante que surge es la siguiente: ¿en contra de quién o de quiénes nos sublevamos? Uno se subleva en contra del tipo de vida que está viviendo y en contra de la sociedad. En otras palabras, los enamorados se rebelan contra todo, y rebelarse de ese modo requiere coraje. Aquí, un primer conflicto. ¿Desean abandonar su vida presente y explorar el mundo? Esta es la pregunta crucial. No todas las personas están dispuestas a correr el riesgo, porque enamorarse es como saltar en paracaídas y no saber, si va a abrirse. Es como iniciar el armado de un rompecabezas sin saber si las piezas están completas. Porque una nueva pareja siempre será un albur.


            ¿Y para qué nos sublevamos? Para ser libres porque el enamoramiento nos acerca a nuestros deseos, y cuando estos, se cumplen somos por felices aunque solo sea de modo temporal puesto que significa que el porvenir existe. Enamorarse, es como encontrarla pieza faltante de nuestro rompecabezas favorito. La pieza perdida, por fin aparece. Por este motivo, tenemos diversos amores verdaderos. Cada vez, que creemos encontrar la parte que tanto anhelábamos, nos embarga el éxtasis por iniciar una nueva vida. Estamos enamorados. Pero sucede que no todo es maravilloso, el mundo nos romperá el corazón una y mil veces. Aquí, un segundo conflicto: ¿están dispuestos a aceptar esta situación? Al ser rechazada, una persona enamorada queda adormecida, convertida en una especie de zombi. Está convencido de haber perdido su futuro. Solo el tiempo o un nuevo enamoramiento pondrán fin a su lamento.

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