domingo, 27 de noviembre de 2016

CÓMO SABER SI LA RELACIÓN DE PAREJA NO VA POR BUEN CAMINO


En esta ocasión, quiero limitarme a ofrecer las recomendaciones del psicólogo Fernando Azor, que nos permiten valorar el estado de nuestra relación de pareja. Según el autor, la frecuencia con la cual, se producen las siguientes afirmaciones, pueden ser indicadores de alerta para la pareja.
  • Me molestan gestos y actitudes de mi pareja.
  • Suelo ser irónico para que se dé cuenta de lo que me molesta.
  • La conversación acaba a menudo con frases del tipo: “lo que tú digas”, “claro es que tu lo sabes todo”.
  • Pasamos días sin llamarnos durante la mañana o la tarde.
  • Tiendo a responsabilizar al otro de lo que no ha hecho o podría haber hecho mejor, especialmente cuando se producen consecuencias negativas.
  • Le recuerdo frecuentemente, lo que hace mal (se olvida de hacer tareas y recados pendientes, la manera de hacer las cosas)
  • Pasan semanas sin tener relaciones sexuales.
  • Me cuesta hacerle caricias o darle besos a lo largo del día.

domingo, 23 de octubre de 2016

CONFLICTO Y COTIDIANIDAD EN PAREJA


Comenzaré este texto con una frase en apariencia cruel. La felicidad en pareja no existe. Es pura ilusión. Solo fantasía. La realidad, son momentos gratos y pinceladas de satisfacción. Sin embargo, una de las mayores dificultades que todavía no logran superar algunas personas, radica en la persistencia del ideal, del mito romántico como pauta principal en toda relación. Con esta percepción equivocada, la desilusión en la pareja, está asegurada. Entonces ¿es posible encontrar la felicidad en pareja? Por supuesto que sí, pero no desde una perspectiva alejada de la realidad.

            De modo particular, me llama la atención la mala prensa que tienen la cotidianidad y el conflicto en temas de pareja. Mientras el primer aspecto se aprecia como una caída en lo rutinario, el segundo significa para muchos, crisis y discusiones. Parece que nos olvidamos que el vínculo relacional no se limita a un idilio, sino que se trata de una relación entre humanos (Sierra, 2009). Desde mi punto de vista, ser cotidiano no significa ser rutinario o caer en la costumbre, la razón es simple: todos los días vivimos situaciones diferentes. Los días no son una copia, los convertimos en copias, los responsables somos nosotros. Analicemos este punto, si prestamos atención a nuestro alrededor, es imposible percibir los estímulos aunque sean los mismos de igual modo. Por ejemplo, un árbol, siendo el mismo árbol se apreciará distinto en cada oportunidad, quizá una mañana, al salir a trabajar, encontremos una paloma en sus ramas, al retornar por la noche, con seguridad aquella paloma ya no estará. Lo mismo sucede con las personas, siendo las mismas, interactuamos de modo diferente con ellas en cada ocasión. Cotidianidad en pareja, también significa incorporar al otro como parte de nuestro mundo, es una forma de saber que existe alguien de un modo presencial activo, en la práctica y no solo en la idea.


            Con respecto al conflicto, no tenemos que percibirlo como negativo, sino como oportunidad de aprender y crecer como personas y como pareja. Una pareja que lucha en BUENOS TÉRMINOS, es una pareja que está viva. El problema no es el conflicto, el verdadero inconveniente es la manera de abordarlos. Cuando no se aceptan las diferencias y se pierde el respeto, se inician las dificultades. Se instaura la lucha de poder y nadie quiere ceder en su posición. De este modo, no se construye la pareja, solo se acentúa la distancia.

            Una pareja tiene que aprender a vivir en lo cotidiano y debe ser capaz de resolver sus diferencias, ya que en el mismo proceso es posible encontrar la felicidad, una felicidad basada en lo real. No en la ilusión. 

viernes, 30 de septiembre de 2016

LÍMITES PERSONALES EN LAS RELACIONES


Al inicio solo existíamos nosotros. Con el trascurrir del tiempo todo cambia. Dejamos de ser bebés y percibimos que tenemos una frontera personal. Este descubrimiento nos lleva a tomar conciencia de nuestra separación con respecto a los demás. Algunas personas no lo toleran y lo experimentan como una situación de abandono. Otras, en cambio, aprenden que los seres humanos no son simbióticos, y que existe una alternativa, establecer relaciones interpersonales. Pero ¿qué tipo de relaciones? Una donde se asuma la responsabilidad por los actos realizados. Parece sencillo, sin embargo, sabemos que no sucede así. Abundan las parejas donde la dependencia, la lucha por el poder y el control son una pauta cotidiana.


Para muchas personas, renunciar a controlar a la pareja, parece imposible. ¿Una excusa? ¿Una patología? Ambas posibilidades. Estos individuos, son incapaces de percibir y entender que este modo de actuar, solo llevará a la relación al desastre. Una pareja necesita dos identidades donde prime el respeto, no la fusión. A nadie le agrada ser un prisionero, salvo que padezca de un problema. La lealtad tiene sus límites, y una relación sana se construye comenzando por el desarrollo individual, de lo contrario, uno puede terminar extraviado en el otro. De aquí, surge la sumisión, la dependencia, el maltrato. Afirmar una individualidad saludable para compartirla, es una buena alternativa, significa aceptar las diferencias y la posible separación, no para vivir en la angustia, sino para entregar lo mejor de nosotros. De lo contrario, mejor continuar solos, para no perjudicarse uno mismo y tampoco perturbar a nadie.

domingo, 14 de agosto de 2016

EQUIVOCACIONES DEL DESEO


No conozco a ninguna persona que necesite tener una pareja. En cambio, conozco a muchos que desean tener una pareja, lo cual, es muy diferente. Exacto, hay un gran abismo de diferencia entre necesitar y desear. Mientras la necesidad se entiende a través de lo biológico, el deseo se estudia desde lo psicológico. Si no tengo una pareja, a nivel fisiológico no sucede nada conmigo. Es cierto que en algunas personas, esta situación afectará su autoestima o los dejará sumidos en la frustración o en la tristeza, pero todas estas situaciones se pueden superar con el tiempo, salvo que surja un trastorno de por medio. Además, la psicopatología siempre es una excepción de lo contrario, no se definiría como tal.

            Una vez establecido que la elección pareja se gesta a través de aspectos psicológicos, paso a un segundo aspecto: la responsabilidad de dicha elección, es decir, que el individuo debe asumir el compromiso de su deseo, hablo de una especie de sintonía entre lo que uno siente y lo que uno hace, y para llevarlo a cabo, lo acepta o no lo acepta. Cualquier inconsistencia a este nivel, propiciará en el futuro conflictos, sobre todo en las aspiraciones que se vivencian como no cumplidas.


            Aquí una de las principales raíces del error en cuestiones de deseo. Escasas personas saben con nitidez qué es lo que desean con respecto a una pareja. Generalmente, se tiene una idea vaga o idealizada. En ambos casos, la mala elección partiendo desde el deseo puede llevar a las personas al desastre amoroso. Un ejemplo de ello, son las relaciones peligrosas. En el primer caso, porque se elige sin darse cuenta del significado del otro, y en el segundo caso, porque se antepone la fantasía a la realidad.


            Así que recuerde, las personas no necesitamos tener una pareja, deseamos una pareja. No todos, claro. Muchos prefieren estar solos o solas, pero ese es otro tema.

jueves, 21 de julio de 2016

LOS LÍMITES EN LA FAMILIA


La función de establecer límites claros en torno a la familia, consiste en proteger la diferenciación dentro del sistema familiar evitando la interferencia de otros sistemas externos o miembros internos que alteren su funcionamiento. Los límites tienen que ser claros, pero no rígidos, es decir, que permitan el contacto con los otros, y a la vez, que no perjudique el funcionamiento de la familia en su conjunto. Esto se logra con acuerdos, de preferencia, estos se deben realizar de modo previo al matrimonio, de lo contrario pueden generar malestar y un sentimiento de engaño entre sus miembros. Representan uno de los gérmenes delas futuras disputas familiares. Sin embargo, los límites no solo deben entenderse, como líneas de demarcación, sino que además, deben permitir a cada uno de los miembros de la familia desarrollar sentimientos de pertenencia sin sentirse invadidos o desatendidos. ¿Qué se logra con esta postura? Se obtiene un crecimiento familiar a partir del desarrollo de la autonomía, de la potencialidad personal y una independencia saludable. Recordemos que una familia nace con una pareja, luego arribarán los hijos, es decir, que el nivel par pasa a convertirse en un conjunto, una familia, donde todos tienen igualdad de derechos y responsabilidades, en el caso de los hijos, de acuerdo con la edad. Pero qué sucede en muchos casos, las mujeres ven truncadas sus potencialidades, debido a los vicios de la sociedad machista en la cual, nos encontramos. De este modo, un pilar de la familia se tambalea, y la familia puede quedar estancada en una categoría disfuncional.



            Por otro lado, la privacidad también tiene que ver con los límites entre los individuos, el tener determinados objetos ajenos a la mirada de los demás, es un signo de respeto, por ejemplo, no ingresar a una habitación que nos es nuestra, sin permiso. Cuando cualquier miembro de la familia trasgrede esta norma, es percibido como intrusivo, perspectiva típica en el caso de los adolescentes. Establecer límites es muy importante, pero unos límites flexibles, factibles al cambio, porque las familias son dinámicas, esto les permite adaptarse a situaciones novedosas, superar las crisis, y sobre todo, crear una propia cultura familiar.

lunes, 23 de mayo de 2016

EL MANEJO DE LOS SENTIMIENTOS


¿Quién maneja tus sentimientos? ¿Tú o los demás? Estas dos interrogantes cruciales, se pueden intentar responder al plantear una nueva pregunta: ¿cómo te llevas con los demás? Lo que pretendo afirmar, es una situación paradojal. Por un lado, los sentimientos son propios, pero por otro, se activan en función de nuestras relaciones interpersonales. No somos unas islas. Al inicio, cuando estamos bebés sentimos que sí, pero pronto la realidad se encarga de propinarnos un portazo en la cara. Si no está mamá o papá para alimentarnos, cambiarnos de ropa o, más tarde llevarnos al nido, descubrimos que nosotros no podemos hacerlo solos, es decir que necesitamos de los demás. Casi al mismo tiempo averiguamos también, que la relación que nos une a los otros, no solo es la necesidad, sino el afecto. Estas primeras experiencias son muy importantes, porque en la mayoría de los casos determinan nuestras futuras relaciones con los demás.


Por este motivo, surge la pregunta: ¿cómo te llevas con los demás? Y la respuesta es una paradoja. Nadie puede hacerte sentir mal sin tu consentimiento, es decir, nuestra felicidad no depende de otro. Estamos de acuerdo, pero el otro existe. Aquí, el problema. ¿Qué sucede si nos enamoramos y no somos correspondidos? Sufrimos, es evidente, pero al mismo tiempo escapamos por un momento de la mediocridad de la vida, porque también sentimos alegría. Nuestro objeto de amor nos ilumina, incluso si nos rechaza, porque el afecto es propio. No se desvanece ante  la negativa. Incluso puede afianzarse. Una paradoja total.

            Nadie debería poder manejar los hilos que motivan nuestros sentimientos, o mejor planteado, no se debería otorgar a nadie el poder de decidir qué sentimos. El amor, la tristeza, el enojo son nuestros. De nadie más. Esto implica asumir la responsabilidad por nuestra vida afectiva. Si decidimos otorgar nuestro afecto al otro, como individuos adultos debemos aceptar las consecuencias de tal decisión, para después, no culpar a nadie en caso de cometer un error.

sábado, 2 de abril de 2016

EL AMOR COMO PREMIO


Según el psicólogo norteamericano Branden, las principales fuentes de una potencial felicidad humana son: el trabajo productivo y el amor. De este modo, la eficacia y el afecto como recompensa, le otorgan un sentido de valor a la persona. Es como, si el amor, se convirtiera en una celebración de sí mismo, producto de las acciones elegidas a lo largo de la vida. ¿Un premio? No estoy tan seguro. Desde este punto de vista el amor, queda ligado de manera indudable a la autoestima, puesto que la producción en el trabajo no es suficiente si no coincide con el bienestar. Aquí, el amor juega un rol determinante porque acompaña nuestras relaciones interpersonales. Nos permite la convivencia y nos mejora como individuos. Pero a menudo, surge un problema. Si entendemos el amor como un premio, se corre el riesgo de convertirlo en dependencia o en una creencia fallida del tipo: “Si me comporto bien, recibiré amor”. Todos sabemos que eso, no es cierto. Una persona bondadosa puede ser víctima de maltrato. No, el amor no debe entenderse como un premio.



En este punto, debemos admitir que las diversas religiones han colaborado, de manera errada a incorporar y mantener esta creencia. El amor no tiene nada que ver con la ética, porque ella, es racional y cuando el individuo se siente atraído por una pareja potencial, la razón se obnubila, se oscurece. Entonces ¿qué le otorga valor a lo que sentimos? Nuestra fe, no en el sentido religioso, y nuestra esperanza en los demás. Si observo el éxito del otro, puedo tratar de imitarlo. Claro, también está la otra posibilidad, la de destruirlo, pero la destrucción de los demás, jamás lleva al amor, a lo mucho, brindará una satisfacción momentánea y nos dejará sumidos en la infelicidad. En una persona saludable, contemplar la felicidad, el amor, la tranquilidad, puede impulsar a lograr su búsqueda. 

domingo, 28 de febrero de 2016

¿EL AMOR COMO TEMA?


Se viene hablando de amor desde tiempos remotos, y sin embargo, no parecen haber grandes luces sobre el tema. Estoy seguro de que todas las personas en algún momento de sus vidas, han sentido o creído experimentar amor. Es más, un gran número de personas asume que conoce acerca del amor. ¿Por qué entonces se tergiversa el tema? ¿Por qué hay tantos fracasos en las relaciones de pareja? En apariencia es una contradicción, pero en realidad no lo es. Analicemos esta afirmación: todo el mundo o casi todos, se creen capaz de amar a otro ser humano. Aquí surge un inconveniente. ¿Este postulado es real? Por supuesto que no. Entonces, a pesar de que la mayoría de personas piensen que tienen la capacidad de amar, no es cierto. Quizá por este motivo, a pesar de que diversos autores le han dedicado horas a su estudio, desde Platón hasta el alemán Willy o el sociólogo Alberoni, y del mismo modo, distintas disciplinas se han ocupado del tema: la filosofía, la psicología, la sociología, entre otras, todavía no se ha logrado una respuesta satisfactoria.


Quizá no existe dicha respuesta debido a la complejidad humana. El amor que parece unir a la personas, termina mutando en diversas formas enfermizas, que pasan de la ilusión hasta la decepción total. Otra respuesta, probablemente es porque la pasión nunca aprende. Basta apreciar la cantidad de parejas disfuncionales que continúan juntas, o aquellas personas que reiteran y perseveran en las elecciones equivocadas. Las personas siguen haciendo lo mismo. Me atrevería a afirmar que el amor, es una de las vivencias que no se beneficia del aprendizaje.

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