lunes, 9 de junio de 2014

MACHT POINT: TEORÍA DE LA INFIDELIDAD



Macht Point narra la dramática historia del ascenso en sociedad de Chris, un joven tenista y de las nefastas consecuencias de su ambición desmedida. El protagonista se debate entre dos mujeres, su esposa y su amante, y al no encontrar una salida termina eligiendo una solución desesperada.

El tema de la infidelidad ha sido recurrente en la filmografía de Allen, él mismo en su vida particular se ha visto envuelto en situaciones triangulares con consecuencias traumáticas, como la acontecida alrededor de su separación con su esposa de años, Mia Farrow. En Match Point, Allen nos ofrece una nueva situación triangular, antes lo había hecho en Manhattan, Hannah y sus hermanas, y en algunos otros filmes, donde la situación dramática queda matizada con el humor negro. En esta ocasión, las escenas vistas están marcadas por el erotismo y por un desenlace tanático que refleja claramente su visión poco optimista del mundo.

Cuando Chris conoce a Nola, queda deslumbrado por ella, pero al descubrir que es la prometida de cuñado, reprime sus sentimientos. Decide seguir con sus planes y se casa con Cloe. Meses después, la casualidad une a Chris y a Nola en una galería de pintura. El drama queda instaurado. Ambos sucumben a la pasión amorosa y el juego de la infidelidad comienza.

Hablar de infidelidad, requiere necesariamente referirnos a su contraparte, la fidelidad, es decir, exclusividad, amor por una sola persona. Según Alberoni (1996), con la fidelidad comunico a mi amado que él vale más que cualquier otra persona, que es mi único deseo. ¿Pero si el otro no sabe que le soy fiel? ¿Qué quiere decir ser fiel a alguien que no tiene conocimiento de ello? Se debe entender, que el pacto de fidelidad no debe dirigirse al otro, sino a uno mismo. Es un acto que realizo en mí mismo. Creo una barrera protectora alrededor de mi amor, con la finalidad de preservar la relación. Algo que Chris no consigue en ningún momento, ni siquiera durante el cortejo. Como sostiene Alberoni, la fidelidad es un obsequio de uno mismo. Ser fiel implica un gasto de energía, aunque de modo particular prefiero el término inversión, significa además, un compartir del tiempo y del espacio con un otro, en este caso la pareja. La fidelidad requiere un compromiso previo, enamoramiento y si es posible amor, ausentes ambos en Chris que a pesar de contraer matrimonio con Cloe, nunca deja de pensar en Nola. Planteada así la situación, la infidelidad solo era cuestión de tiempo.

La fidelidad e infidelidad son dos conceptos contrapuestos a las   obligaciones y consecuencias que son inherentes a los actos humanos, vinculados por lazos afectivos sea por un compromiso a consecuencia de un enamoramiento, convivencia o matrimonio. Son dos conceptos estrechamente relacionados a la dinámica relacional que se presenta entre las  parejas y se puede observar con detalle en el modo en que interactúan sobre ella. Cuando la  relación funcional de la pareja se ve afectada por aspectos disociadores de la unión, como la deslealtad, tanto hombre y mujer se colocan el uno y el otro en la categoría de infieles al quebrantar el compromiso moral de un convivencia armónica y estable (Aguirre, 2007).

Eisenberg (1999), define la infidelidad como la "violación o traición a una promesa o a un voto que la pareja acordó en un convenio exclusivo entre dos, independientemente de si hubo o no, algún convenio formal ante la ley, no se refiere necesariamente al coito sexual con el tercero involucrado y además, es un fenómeno multicausal que no solo involucra factores sexuales, sino que también factores biológicos y psicológicos.

Una vez definidos los conceptos, regresemos al filme. La aventura amorosa de Chris y Nola alcanza su punto crítico cuando ella queda embarazada y se niega a abortarlo. Aquí se inicia el desenlace del drama. ¿Inesperado? Quizá para algunos, pero bien dice la sabiduría popular: lo que mal comienza, mal acaba. Linquist (2000), ofrece algunas razones por las cuales, las aventuras amorosas llegan a su fin:

 

·         Los amantes pueden llegar a aburrirse el uno del otro.

·         Uno o ambos pueden haber encontrado a otra persona.

·         El amante casado puede decidir volver a intentarlo con su cónyuge.

·         El amante soltero puede perder la esperanza de que dicha relación acabe en matrimonio.

·         Problemas laborales, en caso de trabajar juntos.

·         Ser descubiertos por un cónyuge vengativo.

 

Como vemos en ninguna de las razones postuladas por la autora, encontramos a la muerte como causal de separación, y mucho menos al homicidio. Y las diferencias entre ambas son claras. Se puede matar el amor, con desconsideración e indiferencia, pero para Chris no es suficiente, el necesita desaparecer a su objeto amoroso, solo así estará a salvo. La impunidad del crimen mostrada por Allen al finalizar el filme, nos deja una desazón, apenas paliada por el nacimiento del ansiado heredero. Un bebé vive y otro muere. La vida no es justa, es el mensaje que nos deja este extraordinario director, resulta doloroso reconocerlo, pero en ocasiones así es.

 

miércoles, 21 de mayo de 2014

QUIERO AGRADARTE


Alguna vez, se han preguntado ¿por qué un gran número de personas no se muestran como son en realidad? Dejando de lado la hipocresía que implica un engaño descarado con un fin la mayoría de las veces oscuro, es conocido que las personas tienden a ocultar determinados aspectos de su personalidad. Aquí la desconfianza juega un papel crucial, vivimos en un mundo tan competitivo que el ser humano se ve ante situaciones donde se impone una actitud defensiva. El mundo laboral, por ejemplo, donde la amistad ha pasado a ser casi una utopía. Pero en esta oportunidad, no pretendo referirme a este tipo de casos, sino que deseo enfocar la interrogante planteada al ámbito particular de las relaciones interpersonales.
¿Por qué no nos mostramos tal y cómo somos? La desconfianza solo es un factor, y significaría simplificar demasiado el problema. Considero que la respuesta radica en otro contexto. El psicólogo John Powel nos ofrece una respuesta interesante: “Tengo miedo de decirte quién soy porque, si te digo quién soy, puede no gustarte y eso es todo lo que tengo”. De la afirmación de Powel,  podemos inferir lo siguiente: en primer lugar, existe una alusión a una baja autoestima como fuente del miedo perturbador. Esta perspectiva, es seguida por Jeffers, psicóloga de Los Ángeles, para ella, la verdadera raíz del problema radica en: “Quiero gustarte, pero yo no me gusto. Si tú llegas a conocerme realmente es probable que tampoco te guste. Es por eso que yo pretendo ser diferente de lo que realmente soy”. Como podemos apreciar, la pobre imagen que tenemos de nosotros mismos conspira en contra nuestra, y propicia que se oculte el verdadero yo de cada uno. En estos casos, sucede que la persona no es consciente de que el mismo conflicto lo atraviesa el otro con el cual, se relaciona.
En segundo lugar, a mi criterio todavía más importante, cuando Powel refiere: “eso es todo lo que tengo”, la afirmación funciona como una sentencia. Equivale a decir “Soy así y no hay nada qué hacer”. Es cierto que uno no puede dejar de ser quién es, lo contrario representaría carecer de identidad o vivir en la disociación, es decir, patología pura. Sin embargo, considero que las personas somos capaces de mejorar, es más, esta característica nos diferencia de las demás especies. Solo el ser humano es capaz de convertirse en alguien mejor. Lo que Powel intenta, es mostrarnos como posturas equivocadas interfieren en nuestras relaciones interpersonales, lo que muchas veces sucede sin que asumamos plena conciencia de ello.
       Finalmente, quisiera agregar las sugerencias planteadas por la doctora Jeffers para intentar cambiar estas pautas equivocadas:
  • Basta de tratar de ser perfectos.
  • Imagine su actuación y comience a abandonarla.
  • Plante semillas de autorrespeto.
  • Utilice declaraciones positivas.

Recuerde, no se puede agradar a todo el mundo. Simplemente, es imposible, y si yo no me gusto, cómo voy a gustarle al otro.

jueves, 24 de abril de 2014

ELECCIÓN DE PAREJA


     Elegir a una pareja implica una decisión que no debe tomarse a la ligera. Elegir a una pareja con la cual compartir nuestros tiempos y espacios dice mucho de nosotros mismos. A mediados del 1900, el psicólogo Reik sostuvo: Dime a quién amas y te diré quién eres, y lo que quieres ser. Muy cierto. La falsedad de la creencia “polos opuestos se atraen”, queda desterrada de plano. Resulta evidente, que si existieran diferencias notables entre dos personas, el desarrollo del afecto amoroso sería muy complicado. Si bien el punto de partida es el sentimiento de la propia carencia, puesto que somos seres incompletos, y el deseo de alcanzar o recuperar la supuesta perfección juegan un rol crucial en la elección, las diferencias entre las personas solo contribuyen a su alejamiento mutuo. Veamos un ejemplo: Imaginemos a una persona amante del cine. ¿Con quién se llevaría mejor? Con otro amante del cine o con alguien que deteste encerrarse en una sala durante dos horas a ver una película. La respuesta no admite dudas. Y eso, que el ejemplo está referido a una situación menor. Imagine estar involucrado en una circunstancia de mayor relevancia. El conflicto queda garantizado.

Ahora, retornemos a la frase de Reik: Dime a quién amas y te diré quién eres, y lo que quieres ser. Como se puede apreciar esta afirmación desvía la atención del objeto amado hacia la persona que elige. Dato que cambió la dirección del estudio en el ámbito de la pareja. El enamorado es uno, no el otro. El enamoramiento es monoteísta. El objeto amado es único pero el enamoramiento no necesita correspondencia, la respuesta del amado no cambia en absoluto la emoción del sujeto. Puede aceptarnos o rechazarnos, es irrelevante y no altera en nada nuestra emoción. Uno no deja de querer al otro porque nos rechaza o nos abandona, el sujeto enamorado sigue experimentando la misma emoción, al menos por un tiempo. Esto quiere decir que la elección es individual. El amado solo es la excusa para expresar lo que nosotros somos. Uno elige a quién cree que merece, por este motivo la imagen global de la pareja expresa mucho de quienes somos. En este punto, surgen otras interrogantes ¿por qué el ideal de las personas no coincide con su pareja real? ¿Por qué se cometen tantos errores en la elección? Es más, en muchas ocasiones las personas se enamoran de alguien distinto de su propio ideal. Aquí un intento de respuesta: porque conocemos únicamente una pequeña parte de lo que nos atrae y de lo que nos repugna, pero este aspecto, es motivo de otro artículo.

sábado, 8 de febrero de 2014

NUEVOS MOTIVOS EQUIVOCADOS PARA CONTRAER MATRIMONIO


En virtud de reiteradas solicitudes de los amigos lectores del blog, aquí les presento un listado nuevo sobre los errores más comunes al elegir una pareja:

1)    Cuando no se ha desarrollado la capacidad de amar.
La mayoría de personas tiene la equivocada idea de que su capacidad de amar no solo está intacta, sino además, que el amor que tiene para dar es inmenso y extraordinario. Lamento informar que esta idea es una falacia más grande que un estadio deportivo. No todas las personas tienen la capacidad de amar igualmente desarrollada. El amor que uno brinde dependerá de su propio crecimiento personal. Si una persona es egoísta, engreída, inestable, en consecuencia su amor estará afectado por las consecuencias.
2)    Cuando los miembros todavía no han alcanzado su autonomía e independencia.
Entiendo la autonomía como la capacidad de mantenerse a sí mismo y la independencia como el manejo de un espacio temporal y espacial que dependa de las decisiones propias. Si uno elige a una pareja que carece de uno de estos elementos o de ambos, corre el riesgo de ver su relación estancada con escasa probabilidad de desarrollo. Si una persona carece de autonomía e independencia, la interrogante lógica es ¿de quién todavía es dependiente? Recuerde que la pareja necesita el compromiso de dos personas, de nadie más.
3)    Para cubrir las expectativas de terceros.
Las personas deben casarse por decisión propia. No porque se sienten presionados, ni siquiera por la misma pareja, y mucho menos por los padres o los familiares. El matrimonio es una institución que debería tomarse con la mayor seriedad, no solo por el bienestar psicológico propio, sino por las consecuencias que puede tener en los niños producto de la unión conyugal.
4)    Cuando se elige a la pareja usando solo la razón.
Emocionarse, ilusionarse, angustiarse son componentes necesarios en el enamoramiento. En aquellos momentos aflora nuestra fragilidad y muchas personas se niegan estas experiencias por temor al desengaño y al posible sufrimiento. Sin embargo, enamorarse es indispensable para el surgimiento del vínculo amoroso. Si uno aleja sus emociones y orienta su elección solo con la razón y el pensamiento, corre el riesgo de enamorarse de otra persona luego de establecida su relación de pareja. Imagine si esta situación se produce dentro del matrimonio.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

PUBLICACIÓN: LA PAREJA EN BLANCO Y NEGRO: AMOR Y CONFLICTO


El psicólogo y escritor Fernando Espíritu Alvarez presenta su nuevo libro, en esta ocasión retorna a la psicología con el difícil tema de las relaciones de pareja. En el texto, intenta buscar algunas respuestas a los principales conflictos que agobian a las parejas en la actualidad, pasando por los celos hasta la infidelidad, desde la frustración amorosa hasta el abandono, apostando por la premisa de que es posible que una relación de pareja resulte.


lunes, 18 de noviembre de 2013

EL ESPEJO EN LA PAREJA


No he conocido a dos personas iguales. Ni siquiera a los hermanos gemelos. Estoy convencido de que la mayoría de personas coincide con esta afirmación. Entonces si no existen dos personas iguales y casi todo el mundo lo acepta ¿por qué seguimos torturándonos cuando descubrimos que nuestra pareja no es igual a nosotros? El conflicto se instaura al descubrir que nuestro amado es diferente. Cuando no es lo que pensábamos. Cuando no cumple con nuestras expectativas que por otro lado, jamás son realistas. Si se dirige la mirada a la propia experiencia amorosa, se advierte que todas las personas de las cuales nos hemos enamorado alguna vez, han sido distintas de nosotros. Cada una tenía sus propias características. Sin embargo, a pesar de toda la evidencia existente e incluso a pesar de nuestra propia experiencia, una gran mayoría de personas continua añorando una pareja que represente su media naranja, su otra mitad, como en el mito platónico. Quizá esto ocurre porque las relaciones de pareja no se gestan a partir de la razón, sino de la pasión. Desde el momento en el cual nos enamoramos, la razón cede ante la emoción y cualquier razonamiento por lógico y evidente que sea, pierde la batalla ante la pasión que surge desde las entrañas y que trasfigura la forma de nuestro objeto amado. Vemos solo aquello que deseamos ver. Aquello que encaja en nuestra fantasía, es decir, nos identificamos a nosotros mismos en el otro.

La pareja no tiene porqué satisfacer nuestras expectativas. No es un dios todo poderoso. Su única finalidad de ayudarnos a crecer. Existen aspectos de nosotros con los cuales difícilmente nos enfrentamos, pero la pareja pone al descubierto todos los aspectos de nuestro ser, tanto los negativos como los positivos. Ella nos enseña a mirarnos a nosotros mismos, nos devuelve nuestra propia imagen al igual que un espejo y a la vez, nos demuestra lo importante que significa aceptar las diferencias, porque repito, no existen dos personas iguales. Ni siquiera nuestra propia madre nos conoce completamente, por qué entonces exigirle a nuestra pareja semejante disparate. Por ejemplo, si usted desea que su pareja le lleve chocolates, dígaselo. La pareja no es adivina, tampoco está dentro de su cabeza para pensar igual que usted. Es otra persona diferente y ser diferente significa pensar algo distinto. No hay porque alarmarse. No hay porque hacer un drama. El objeto amor en la pareja no soy yo mismo, sino es otra persona distinta, y es precisamente en la comprensión y aceptación de las diferencias que una pareja se construye o se disuelve. 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

ADIOS


Decir adiós significa cambiar. Representa el coraje de atreverse a hacer algo nuevo, diferente. Dejar lo viejo por lo nuevo. Atreverse a dejar lo conocido y cotidiano por lo desconocido y la incertidumbre. El adiós cuando parte de una decisión propia siempre necesita de valor y coraje. Es como dejar la seguridad del hogar e iniciar un viaje por una selva inexplorada, sin contar con un mapa de ruta que nos guie. Pocos se atreven. Lo más sencillo es continuar con la rutina, así esté marcada por el tedio y el aburrimiento, incluso por la desazón, pocas son las personas que se arriesgan a decir adiós, que optan por el cambio.

            Sucede que la mayoría de personas son de una medianía enfermiza. En primer lugar, se tiende a rechazar lo extraordinario. Por ejemplo si se descubriera vida en otro planeta, no faltarían argumentos en contra aduciendo que se trata de una farsa creada por los gobiernos que dirigen el mundo. En segundo lugar, ante el éxito ajeno surge la envidia como una forma de menospreciar el logro, en lugar de decidirse a mejorar. Por ejemplo, cuando la selección juvenil de vóley avanzó a semifinales del mundial de modo inesperado, el seudotriunfalismo y seudopatriotismo de muchos exigía el título. Cuando la selección terminó en un honroso cuarto puesto, no faltaron las voces que acusaron a la selección de falta de coraje. Qué comentarios tan mezquinos. Acusar de medianía al resto aparece como la forma favorita de los mediocres de ocultar sus propias limitaciones.

            Existen situaciones donde el adiós no lo decidimos nosotros, sino que depende de otras personas o de las circunstancias. Una pareja que nos abandona, una empresa que nos despide o un amigo que nos traiciona. En estas condiciones resulta imperativo el cambio. A veces tenemos que aceptar que no nos quieren y están en su derecho. Solo nos queda decir adiós y seguir adelante.

            Decir adiós, requiere de mucho valor, sobre todo cuando existe una valor sentimental ligado al contexto. Por ejemplo, valor para dejar una relación enfermiza que nos abruma con insatisfacciones, y aceptar como consecuencia de ello, una temporada de soledad con la única certeza de que la próxima relación será diferente, ni mejor ni peor, solo diferente.


            En ocasiones hay que atreverse a salir de casa. Hay que tener el coraje de arriesgarse. Se puede caer en el intento, claro que sí, pero también se puede alcanzar el triunfo. Hay que adentrarse en la selva, es necesario optar por lo inesperado, ir contra la corriente, hay que atreverse a ser diferente y no seguir a los demás como ganado, y para ello, es inevitable decir adiós. Adiós a nuestras creencias. Adiós a las malas noticias que recibimos cada día. Adiós a los traumas y a los golpes de la vida. Adiós a la envidia y al derrotismo que impera en nuestra sociedad. Adiós a los supuestos amigos que en realidad no lo son. Adiós a todo lo que nos detiene y a continuar cueste lo que cueste por aquello que deseamos. Sucede que no se puede seguir actuando del mismo modo y esperar un resultado diferente. Hay que atreverse a cambiar. Decir adiós no solo significa dejar las cosas en el pasado, sino orientarse hacia el futuro. Decir adiós significa aventurarse a seguir viviendo.